Los océanos globales han alcanzado una temperatura récord de 20.86 °C, y la NOAA advierte que una ola de calor marina podría cubrir hasta el 40 % de la superficie oceánica este año 1. No es una cifra abstracta: es el motor que está reescribiendo las reglas del clima en tiempo real. Mientras tanto, Panamá se prepara para un déficit de lluvias de hasta el 55 % entre julio y diciembre, con el Canal —arteria del comercio mundial— como rehén de un El Niño que más del 95 % de los modelos internacionales pronostican persistente 5. La conexión entre ambos fenómenos no es casual: el calor oceánico alimenta la intensidad de El Niño, y este, a su vez, seca regiones enteras.
Pero el agua no solo falta: envenena. Bélgica enfrenta una denuncia por derechos humanos ante los niveles más altos de PFAS en Europa, mientras nuevas investigaciones rastrean cómo estos 'químicos eternos' se incrustan en la cadena alimenticia de los Grandes Lagos 6. Son sustancias que no se degradan, que viajan con el ciclo del agua y que, como el calor, no conocen fronteras. Mientras tanto, en los Alpes —que se calientan al doble del promedio global— el proyecto Waterwise, financiado por la UE, modela escenarios para proteger recursos hídricos que abastecen a millones 8.
Frente a esta realidad, las respuestas humanas son contradictorias. Brasil, que genera el 84 % de su electricidad con renovables, se vio obligado a desconectar 20 GW de generación eólica y solar durante un partido del Mundial para evitar apagones, y ahora planea expandir plantas térmicas 7. Es la paradoja de la transición: cuando la demanda golpea, lo renovable cede paso a lo fósil. En España, en cambio, el ayuntamiento de Carboneras anuló la licencia del hotel de El Algarrobico, un símbolo de dos décadas de construcción costera ilegal, allanando el camino para su demolición 2. Y la reina Sofía visitó Galicia para inspeccionar la restauración de zonas quemadas, con una contribución de 65.000 euros de su fundación . Gestos, sin duda, pero que contrastan con la escala del problema.