La tarde del 24 de julio, en una sala de Los Ángeles, un juez evaluaba pruebas del asesinato de Celeste Rivas Hernández, 14 años, cuyo cuerpo desmembrado apareció en el Tesla del rapero D4vd 3. La fiscalía presentó evidencia de un embarazo y un aborto previo. La joven había quedado atrapada en una dinámica de poder que combinó control reproductivo, violencia letal y un sistema de celebridad que dilató la imputación. Mientras tanto, a miles de kilómetros, otras niñas y mujeres morían en circunstancias que revelan un patrón: la violencia se ensaña con quienes menos recursos institucionales tienen.
El mismo día, en República Dominicana, Erickson Bonilla Villalona se entregó a la policía tras ser acusado de obligar a su novia de 15 años, Génesis Portorreal Prandy, a beber herbicida 6. En Colombia, el cuerpo de María Camila Potosí, 21 años y ocho meses de embarazo, fue hallado en Cali sin el bebé que esperaba 7. En Tamaulipas, Dafne Zapata Quintos, 13 años, murió ahogada durante un campamento en una academia militarizada; la autopsia registró signos de violencia, y el caso se investiga como feminicidio 9. Tres países, tres adolescentes o jóvenes, tres embarazos o maternidades interrumpidas por la muerte.
Estos casos no son aislados. Son la manifestación de un sistema que falla en proteger a quienes están en la intersección de la juventud, el género y la pobreza. Pero la respuesta institucional es inconsistente. En Berlín, un vehículo arrolló a la multitud del Orgullo LGTBIQ+, matando a una persona e hiriendo a 16; el sospechoso, Abdul B., de 21 años, sigue prófugo y la policía lo vincula al espectro islamista 125. La amenaza se etiqueta, se persigue, pero el resultado inmediato es la impunidad. Mientras, en Costa Rica, la captura del capo Alejandro Arias Monge, alias “El Diablo”, requirió una década de búsqueda y un tiroteo que dejó ocho policías heridos 12. Allí el Estado movilizó recursos para un fugitivo de alto perfil.
El contraste revela una jerarquía de atención. Las vidas de Celeste, Génesis, María Camila y Dafne —cuatro víctimas de violencia machista o de género— no generan operativos especiales ni titulares internacionales duraderos. En México, la percepción de inseguridad cayó al 59,8%, el nivel más bajo del