El 15 de agosto, la UNAM convocó a 4,697 aspirantes en León y Oaxaca a un examen de control presencial tras el escándalo de fraude en la primera prueba en línea. Solo se presentaron 2,611; el 44.4% no acudió 3. Esa ausencia masiva no es un dato menor: es la primera consecuencia visible de una política que intentó abaratar y escalar la admisión con tecnología y terminó erosionando la credibilidad del proceso. Para el estudiante que sí se preparó, la incertidumbre no es solo burocrática; es la sospecha de que su lugar podría estar siendo disputado por quien usó inteligencia artificial para inflar su puntaje 1.
La decisión institucional fue contundente: repetir el examen en formato presencial para más de 46,000 aspirantes y rescindir el contrato con el proveedor tecnológico Territorium Life 1. Es una admisión implícita de que el sistema en línea no fue seguro ni equitativo. Pero el costo de esa corrección recae sobre los estudiantes: quienes ya habían aprobado en línea ahora deben demostrar de nuevo sus conocimientos, bajo supervisión física, en sedes que no siempre son accesibles. La ausencia del 44.4% en León y Oaxaca sugiere que no todos pudieron o quisieron asumir ese costo 3. No hay datos oficiales que expliquen las razones de las inasistencias; lo que sí se sabe es que la brecha entre la norma y la práctica se paga en la puerta del examen.
El problema no es exclusivo de México. En la República Dominicana, el gobierno anuncia que duplicará el número de psicólogos y orientadores en las escuelas públicas, reduciendo la proporción de 300:1 a 150:1 8, y que el ITLA ha entregado 36,225 becas tecnológicas con una inversión superior a RD$247 millones 7. Son medidas que amplían el acceso, pero no resuelven la pregunta de fondo: ¿acceso a qué? Mientras tanto, el inicio del año escolar 2026-2027, previsto para el 24 de agosto, enfrenta advertencias del sindicato de maestros sobre déficits persistentes en infraestructura, aunque el INABIE reporta 744,489 kits escolares distribuidos 2. La expansión cuantitativa no garantiza calidad ni permanencia.
En España, el ranking de Shanghái 2026 muestra una caída de 36 a 30 universidades, con la Universidad de Barcelona como única representante entre las 200 mejores del mundo 4. La salida de ocho centros y la entrada de dos nuevos no es un accidente estadístico; refleja una tendencia de estancamiento en la producción científica y en la competitividad internacional. Mientras tanto, la UNAM no solo lidia con el fraude en línea: la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales suspendió el inicio del semestre 2027-1 por la toma de instalaciones por parte de trabajadores administrativos que exigen salarios impagos 5. La institución no puede garantizar ni la imparcialidad de su examen ni la operación de sus aulas.
Y en Arizona State University, la apuesta es distinta: un grado universitario en creación de contenido para formar influencers 6. La pregunta sobre su valor no es menor, pero apunta a un dilema más amplio: si la universidad debe adaptarse al mercado o formar criterio. La respuesta, en todos los casos, depende de la confianza en que el título significa algo.
La lección transversal es que el acceso no se resuelve con matrícula, becas o rankings. Se resuelve con procesos que los estudiantes perciban como justos y con instituciones que cumplan lo que prometen. La UNAM tiene la oportunidad de restaurar esa confianza con el examen presencial, pero el 44.4% de ausencias es un recordatorio de que la desconfianza también se manifiesta en la puerta que no se cruza. La pregunta que queda abierta, y que define el futuro del acceso, es si las instituciones están dispuestas a asumir el costo político y financiero de la transparencia, o si seguirán transfiriéndolo a los estudiantes.
