La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) aplicó por primera vez su examen de admisión en línea y el resultado fue una tormenta perfecta: puntajes de corte récord para carreras como Médico Cirujano, que subió de 114 a 117 aciertos sobre 120 1, y una oleada de aspirantes con calificaciones casi perfectas que dejó fuera a estudiantes con desempeños históricamente competitivos. Orión, un aspirante que obtuvo 115 aciertos, no fue admitido 1. La institución reaccionó creando una comisión especial para revisar el proceso 4, pero el daño a la confianza ya está hecho.
El problema no es solo la sospecha de trampa. Es la señal que envía un sistema que, al migrar a la virtualidad sin los controles adecuados, transformó un instrumento de selección en una lotería tecnológica. Cuando un examen de 120 preguntas produce una concentración anómala de puntajes en el extremo superior, la pregunta no es cuántos hicieron trampa, sino si el instrumento sigue midiendo lo que debe medir: preparación académica, no habilidad para burlar controles remotos.
La escala del asunto es significativa. La UNAM es la universidad más grande de América Latina y su examen de admisión define el acceso a la educación superior pública para decenas de miles de estudiantes cada año. Un proceso contaminado no solo perjudica a los aspirantes honestos —como Orión— sino que distorsiona la asignación de un recurso escaso: los lugares en las carreras más demandadas.
En contraste, otros sistemas en la región mantienen procesos presenciales centralizados. El Icfes aplicará el examen Saber 11 el 26 de julio de 2026 a estudiantes de undécimo grado en toda Colombia, con resultados publicados el 25 de septiembre 2. La logística es masiva, pero el formato presencial elimina la incertidumbre sobre la identidad del examinado y las condiciones de aplicación. No es perfecto, pero es verificable.
La respuesta oficial de la UNAM —formar una comisión— es el primer paso, pero insuficiente. Sin una auditoría externa, sin la publicación de los datos de puntajes por sede de aplicación y sin medidas concretas para los afectados, la comisión corre el riesgo de ser un gesto institucional que no restaura la confianza. El rector entrante de la Universidad EIA, Juan Manuel Restrepo Cadavid, asume su cargo en un contexto donde la credibilidad de los procesos de admisión es un activo institucional que se construye con transparencia, no con comisiones cerradas .