La tormenta tropical Bertha avanza hacia la costa del Golfo de EE.UU. con advertencias desde Alabama hasta el sureste de Luisiana y riesgo de marejada ciclónica de hasta 1,2 metros 1. Es la segunda tormenta con nombre de la temporada atlántica, y su fortalecimiento en el Golfo de México 4 no debería sorprender a nadie. Pero la sorpresa, como siempre, no está en el fenómeno sino en lo que revela sobre nuestra capacidad de respuesta.
Mientras Bertha se acerca, en Chile un sistema de tormentas que comenzó el 15 de julio ya ha dejado 10 muertos y más de 100.000 personas aisladas, con declaración de estado de catástrofe 3. En Argentina, una tormenta de nieve histórica en Catamarca ha atrapado a mineros en la Puna, con acumulaciones de hasta dos metros y temperaturas de -27°C 11. En Guyana, el hundimiento del ferry MV Barima el 18 de julio ha elevado la cifra de muertos a 41, con 51 desaparecidos 2. Y en Perú, dos sismos en días recientes —uno de magnitud 5.1 cerca de Chupaca que dejó al menos un muerto, y otro de 5.0 frente a Chimbote sin daños reportados 5— recuerdan que la tierra también se mueve sin previo aviso.
El hilo que conecta estos eventos no es la fatalidad climática. Es la brecha entre lo que sabemos y lo que hacemos. Colombia ya declaró desastre nacional por la inminente llegada de un fenómeno de El Niño "muy fuerte" que amenaza con sequía severa y crisis energética entre diciembre de 2026 y marzo de 2027, y ha transferido $4 billones de pesos (unos $970 millones) para la unidad de desastres 6. Es una decisión preventiva, pero llega con meses de anticipación a un evento que los modelos climáticos vienen señalando desde hace trimestres. La pregunta es si esos recursos llegarán a tiempo para lo que viene, o si se quedarán en los pliegos de la burocracia.