El mar frente a Omán amaneció el martes con un barco herido. Un proyectil de origen desconocido alcanzó a un buque que transitaba fuera del estrecho de Hormuz, dejando al menos un tripulante muerto o herido y al resto de la dotación a merced de la guardia costera omaní 1. No hay aún una bandera, un autor o una explicación oficial que cierre el caso. Solo está la certeza del agua manchada y la pregunta que flota sobre esa ruta marítima: ¿cuánto tiempo más puede sostenerse un orden global sobre corredores tan frágiles?
La escena es un microcosmos de la semana. El memorando de entendimiento de 60 días entre Estados Unidos e Irán expiró el lunes sin acuerdo, con Teherán amenazando con pasar a una postura "totalmente ofensiva" y Washington advirtiendo que bombardeará Omán si "se interpone" en sus esfuerzos 2. La diplomacia, reducida a ultimátums, deja a los civiles de la región —marineros, pescadores, habitantes de la costa— como rehenes de un pulso que no controlan. Mientras tanto, en Yemen, la tregua de 2022 se deshace: al menos 58 soldados gubernamentales murieron en ataques hutíes contra campamentos militares, y el comercio marítimo vuelve a ser un blanco 11. La guerra, que nunca se fue del todo, reclama de nuevo su territorio.
El patrón se repite en otras latitudes con la misma lógica de destrucción y réplica. Ucrania confirmó el sábado un ataque con misiles contra la fábrica de cohetes Progress en la región de Samara, ensambladora de los cohetes Soyuz para Roscosmos 3, y en la misma escalada alcanzó una de las mayores refinerías rusas y una base naval clave en el Mar Negro, con víctimas civiles y daños en infraestructura energética 4. Cada golpe busca doblegar al adversario, pero el costo lo pagan los que no decidieron la guerra. En el Líbano, los ataques israelíes del sábado mataron al menos a 11 personas, incluidos tres niños y dos mujeres, en el día más mortífero desde el acuerdo marco de junio 5. La justificación oficial —objetivos militares— no borra el hecho de que las bombas cayeron sobre una casa en Ansar y una localidad en Deir Zahrani.
Hay quienes, desde el poder, convierten la violencia en política explícita. El ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, pidió públicamente "asesinatos selectivos" de 30 a 40 personas cada noche en Gaza, incluyendo a quienes no representan una amenaza inmediata 10. La declaración, hecha en un podcast con un exrehén, no es un exabrupto aislado: es la normalización del exterminio como herramienta de gobierno. Frente a ello, la creación de dos grupos de trabajo conjuntos entre el enviado estadounidense Jared Kushner y el primer ministro Benjamin Netanyahu para el desarme de Hamás 8 parece un gesto insuficiente, una hoja de ruta que no aborda la raíz del sufrimiento.
La fatiga también golpea a quienes ejecutan la guerra. El portaaviones USS Abraham Lincoln será relevado tras más de 250 días de despliegue récord en Oriente Medio, con reportes de agotamiento de la tripulación, escasez de suministros y crisis de salud mental 12. La maquinaria bélica se desgasta, pero sigue girando. En Cuba, dos apagones nacionales en menos de 24 horas —el séptimo del año— dejan a la población a oscuras, recordando que la vulnerabilidad no solo se mide en bombas 9.
La pregunta que queda flotando, como el humo sobre el estrecho de Hormuz, es si la comunidad internacional aceptará que la guerra perpetua es el nuevo estado natural. La alternativa —negociar con los civiles en el centro, no con los arsenales— sigue sin encontrar quien la defienda con la misma convicción que los que piden más bombas. Mientras tanto, un barco herido navega hacia puerto, y un mundo entero aprende a convivir con la posibilidad del próximo proyectil.
