La muerte de Martha Lillard a los 78 años, la última estadounidense que dependía de un pulmón de acero, no es una nota necrológica sentimental. Es una advertencia vívida de lo que ocurre cuando una sociedad olvida lo que cuesta no vacunar. Lillard contrajo polio a los cinco años y vivió siete décadas atada a una máquina que le inflaba y desinflaba los pulmones. Su hermana dijo que le dijeron que no llegaría a los 20. Sobrevivió, pero no vivió: estuvo paralizada del cuello abajo. Esa imagen —un cuerpo joven dentro de un cilindro de metal— debería bastar para que cualquier debate sobre la vacunación obligatoria se cerrara. No es así.
Hoy, en Estados Unidos, un brote de ciclosporiasis supera los mil casos en 31 estados, con Michigan y Ohio como epicentros 1. No es una enfermedad prevenible con vacuna; es parasitaria, transmitida por alimentos contaminados, y provoca diarrea acuosa que puede durar semanas. Pero el sistema de salud pública estadounidense, que sí tiene herramientas para evitar brotes de polio o sarampión, está distraído. La atención se fragmenta entre brotes alimentarios, dengue que ya mata en México y Honduras —siete muertos en México, tres en Honduras, más de ocho mil casos combinados 12— y una cobertura de atención primaria que en España solo permite que el 21,8% de los pacientes consiga cita con su médico de familia en 24 horas 2. Cuando la puerta de entrada al sistema se cierra, la vigilancia epidemiológica se vuelve ciega.
El contraste con América Latina es brutal. Mientras los países ricos mantienen estables o reducen las tasas de demencia, en la región aumentaron del 10,6% al 16,9% en dos décadas 7. No es un dato biológico: es un dato político. La demencia no se combate solo con fármacos; se combate con control de hipertensión, educación, nutrición y acceso a salud primaria. Todo lo que falta cuando el sistema colapsa. República Dominicana anuncia una inversión de 300 millones de pesos para comprar Risdiplam para niños con atrofia muscular espinal 4 —un avance real— pero el dengue avanza sin freno y la cobertura de sarampión sigue siendo incierta.