Europa ha vivido este verano una anomalía que ya no admite calificativos tímidos: más de 80 millones de personas en el continente superaron los 40 °C al menos una vez entre el 15 de junio y el 15 de agosto, el doble que en el verano de 2003 1. No es una ola de calor; es un cambio de régimen. Alemania registra unos 14.000 muertes atribuibles al calor este año, según el Instituto Robert Koch, mientras España y Francia también contabilizan miles de fallecimientos en exceso 3. El Reino Unido encamina su año más cálido desde que hay registros, con casi tres cuartas partes de Inglaterra en sequía oficial 5. La escala del fenómeno es tan vasta que exige una lectura estructural, no episódica.
La causa próxima es conocida y está en el Pacífico: El Niño en desarrollo podría superar los 3 °C de calentamiento de las aguas, lo que la Oficina de Meteorología británica califica como el mayor desde el siglo XIX, con 2027 proyectado como el año más cálido de la historia 2. Este dato no es una predicción menor: es el telón de fondo que explica la simultaneidad de incendios en Indonesia 8, la alerta verde por inundaciones en República Dominicana 6 y el contraste extremo de lluvias y calor en México 7. El clima global se comporta como un sistema acoplado, y cada región paga una factura distinta de la misma crisis.
La metodología de estas mediciones es robusta, pero tiene límites. Las cifras de exceso de mortalidad son estimaciones estadísticas que correlacionan temperatura y defunciones, no certificados individuales de causa; las proyecciones de El Niño dependen de modelos oceánicos con incertidumbre no despreciable. Aun así, la dirección es inequívoca y está respaldada por agencias estatales y análisis independientes 135. No hay aquí falsa equidistancia posible: la evidencia acumulada no admite la duda razonable sobre la tendencia.
La respuesta institucional, sin embargo, avanza a otra velocidad. Estados Unidos ha formalizado recortes obligatorios de agua para Arizona, California y Nevada en la cuenca del Colorado, con una reducción conjunta de 1,25 millones de acre-pies anuales 11. Es una decisión histórica, pero también una admisión de que la gestión del siglo XX ya no sirve. En paralelo, la COP17 contra la desertificación, reunida en Ulán Bator, recuerda que el 40% de las tierras del planeta están degradadas, afectando a casi 3.500 millones de personas 12. La brecha entre la escala del problema y la capacidad de respuesta es el verdadero hallazgo de este verano.
España, mientras tanto, se prepara para un alivio táctico: la llegada de una borrasca atlántica traerá lluvias y un descenso térmico, con alertas naranjas en Cataluña y Baleares 4. Pero un respiro de días no revierte 70 jornadas consecutivas de temperaturas extremas en Francia 1 ni devuelve el agua a los embalses británicos 5. La adaptación no puede ser solo meteorológica; debe ser política y económica.
La pregunta que queda sobre la mesa, la que importa al lector, no es si este verano fue récord —lo fue—, sino quién asumirá el coste de la próxima estación. Los recortes del Colorado ya han fijado el reparto: los estados del sur de Estados Unidos ceden primero. ¿Qué región cederá después? La decisión no está en los termómetros, sino en las mesas de negociación que aún no han empezado a hablar en serio.
