Europa vive un verano extremo marcado por olas de calor récord, sequías e incendios devastadores. Más de 80 millones de personas en zonas de Europa superaron los 40 °C al menos una vez entre el 15 de junio y el 15 de agosto, el doble que en el verano de 2003, según un análisis de la AFP . Francia puso fin a 70 días consecutivos con temperaturas por encima de la media histórica, el periodo más largo registrado . El calor extremo ha provocado un aumento de la mortalidad: se estiman unas 16.000 muertes adicionales en una semana de junio en Europa , con cifras récord en Alemania (14.000 muertes relacionadas con el calor) y España (casi 4.500 muertes atribuibles al calor desde junio) .
Un estudio del Instituto de Potsdam (PIK) publicado en Global Change Biology proyecta que la superficie quemada por incendios forestales en Europa podría aumentar un 39% en un escenario de bajas emisiones y un 192% en uno de altas emisiones para finales de siglo . El riesgo se extenderá más allá del Mediterráneo, afectando a regiones del oeste y centro de Europa que históricamente han tenido pocos incendios .
Sin embargo, el columnista Bjorn Lomborg sostiene que los datos globales muestran que la superficie quemada a nivel mundial en 2026 es un 42% inferior al promedio de 2012-25, y que Europa sin Rusia ha quemado solo el 65% de su promedio, cuestionando el relato de un continente en llamas . Esta visión contrasta con la de los científicos y autoridades que señalan que el cambio climático está intensificando los incendios .
Expertos urgen a reforzar la gestión forestal y la adaptación. El estudio del PIK indica que una mejor gestión podría reducir la superficie quemada hasta un 92% en el escenario de menor calentamiento . En España, el calor récord en el mar Mediterráneo aumenta el riesgo de reventones térmicos y danas, y se observa un debilitamiento de las brisas marinas que agrava el bochorno . La prevención y la inversión en infraestructuras son clave para afrontar un futuro con más calor extremo .
