El sábado por la noche, en una urbanización de Mijas Costa, un jabalí joven caminaba junto a su madre con una flecha metálica de más de un metro atravesándole el costado 7. Nadie acudió a socorrerlo. La escena condensa una verdad incómoda: nuestras infraestructuras de convivencia con la fauna salvaje están rotas, y no solo en España.
Esa misma semana, en Colombia, la segunda ronda de diálogos para la delimitación participativa del páramo de Santurbán terminó sin acuerdo 1. El gobierno saliente de Gustavo Petro publicó la Resolución 863, que adopta una metodología nacional para delimitar estos ecosistemas de páramo —esponjas naturales que almacenan agua y regulan el clima—. Pero el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella, a través de su ministro de Ambiente designado Fabio Arjona, reportó que la deforestación en los parques nacionales colombianos saltó un 146,5% entre 2023 y 2024, pasando de 4.682 a 11.544 hectáreas 4. Entre 2022 y 2025, 48.125 hectáreas dentro del sistema de parques fueron taladas. La promesa de conservación choca contra la realidad de la extracción.
No es un fenómeno aislado. En Islandia, los balleneros de Hvalur hf. han vuelto al mar en junio de 2026 tras una pausa de dos años, reanudando la caza de especies que la UICN cataloga como amenazadas o en peligro crítico 3. La presión internacional y las protestas de grupos como Hvalavinir no han bastado para detener los barcos. La pregunta no es solo moral, sino ecológica: ¿qué umbral de daño estamos dispuestos a tolerar en nombre de la tradición o la economía?
Hay señales de que la restauración es posible, pero exige voluntad política y continuidad. En el lago Huayamilpas, en Coyoacán, un mes de limpieza coordinada con la Secretaría de Marina ha eliminado gran parte de la lentejilla (duckweed) que cubría el agua, y ya han llegado tres patos mexicanos —especie endémica y amenazada— 5. Es un dato pequeño, pero indica que cuando se remueve la presión humana directa, la vida regresa.
Sin embargo, las amenazas globales no respetan fronteras. Un estudio publicado en Nature por el Instituto Paul Scherrer revela que las concentraciones de polvo del Sahara sobre Europa han aumentado medio microgramo por metro cúbico en la última década, un incremento del 10 al 25% en la contaminación total por polvo 6. La desertificación del Sahel y el cambio climático están reescribiendo la química del aire que respiramos.
El tradeoff que importa al lector es este: cada decisión de delimitación, cada resolución gubernamental, cada barco ballenero que zarpa o cada laguna que se limpia configura el paisaje en el que vivimos. El jabalí de Mijas no es una anécdota; es el síntoma de un sistema que no sabe gestionar el conflicto entre lo urbano y lo silvestre. La pregunta abierta no es si podemos restaurar, sino si aceptaremos el coste político y económico de hacerlo antes de que la próxima flecha —metafórica o real— atraviese algo que no podamos reemplazar.