En Barranquilla, una mujer se despierta antes del amanecer. No es la luz ni el ruido: es el calor nocturno, que no la deja dormir más de seis horas. Como ella, los residentes de esta ciudad colombiana pierden 93 horas de sueño al año por las noches cálidas, según un estudio de Climate Central que analizó 1.338 ciudades en el mundo 2. Seis de esas horas perdidas son atribuibles directamente al cambio climático. La decisión que enfrenta no es dramática ni heroica: elegir entre un ventilador que encarece la factura o una ventana abierta que deja entrar el ruido y los mosquitos. Pero esa elección cotidiana está moldeada por fuerzas que ella no controla.
La ciencia lo confirma: el calor extremo no es un fenómeno meteorológico, sino una cuestión de poder y desigualdad. Mientras en Barranquilla y Acapulco se pierde sueño, en Europa la ola de calor de junio dejó más de 10.000 muertes en exceso 1. La diferencia no es solo geográfica: es institucional. Los países del norte tienen sistemas de alerta temprana, infraestructura eléctrica más robusta y acceso a aire acondicionado. En las ciudades latinoamericanas, la adaptación recae sobre los hombros de quienes menos recursos tienen.
Las instituciones responden de manera desigual. En Colombia, el Ministerio de Ambiente saliente presentó una delimitación progresiva de 29.199 hectáreas del páramo de Santurbán, fuente de agua para dos millones de personas, en medio de un intenso debate minero 3. Es una decisión técnica con consecuencias políticas: protege el agua, pero deja en vilo a comunidades que dependen de la minería. Al mismo tiempo, el gobierno expidió el primer reglamento integral para el cierre de minas, el Decreto 0742 de 2026, que exige criterios ambientales, laborales y sociales para que ninguna explotación abandone su huella sin rendir cuentas 12. Son avances, pero la pregunta persiste: ¿quién paga el costo de la transición?
En México, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente clausuró dos sitios en Sonora por extracción ilegal de oro sin autorización ambiental 11. En Puerto Rico, un estudio de la Universidad de Puerto Rico y el Servicio Geológico de EE.UU. encontró que el 75% de las playas del norte de la isla sufren erosión . En Nayarit, una macroalga del género cubrió la playa de Rincón de Guayabitos justo al inicio de la temporada turística, dividiendo a locales que ven caer sus ingresos y autoridades que insisten en que el agua es segura . En cada caso, la evidencia científica choca con intereses económicos inmediatos.