La naturaleza no negocia plazos electorales ni ciclos de producción. Mientras la NOAA confirma con un 81% de probabilidad que el actual fenómeno de El Niño se convertirá en uno de los más intensos desde 1950 12, las consecuencias ya se materializan en forma de emergencias declaradas, pérdidas económicas millonarias y ecosistemas al borde del colapso. La pregunta no es si estamos preparados, sino por qué seguimos reaccionando cuando el desastre ya está en marcha.
Perú ha declarado el estado de emergencia en casi 800 distritos ante la inminente llegada de El Niño, con pérdidas proyectadas de 16.000 millones de soles 3. Es una cifra que duele, pero que resulta casi anecdótica al compararla con los 9 millones de toneladas métricas de sargazo que ya han llegado al Caribe en la primera mitad de 2026, duplicando el récord del año anterior 4. La acumulación de algas no es un fenómeno nuevo, pero su aceleración —de 1,2 millones de toneladas en 2018 a 9 millones hoy— revela un patrón que ningún modelo climático había anticipado con tanta crudeza.
Mientras tanto, en los tribunales se libra otra batalla. Nueva York ha demandado a 3M, DuPont y otras empresas por la contaminación con PFAS, los llamados "químicos eternos" que se acumulan en el agua y el cuerpo humano 512. La demanda busca financiar la limpieza ambiental y advertir a los consumidores. Es un gesto necesario, pero que llega décadas después de que estas sustancias comenzaran a filtrarse en los acuíferos. La justicia, como el clima, se mueve a un ritmo que rara vez coincide con la urgencia de los hechos.
En Galicia, la Xunta ha archivado definitivamente el proyecto de macroplanta de celulosa de Altri, tras considerar insuficientes las alegaciones de la empresa 6. Es una victoria para los movimientos sociales, pero también un recordatorio de que la presión ciudadana sigue siendo el único contrapeso real cuando las instituciones dudan. En Colombia, la ministra Irene Vélez defiende la transparencia de una reunión sobre el páramo de Santurbán , mientras la UICN actualiza su Lista Roja con más de 49.500 especies amenazadas . La minería submarina, el tráfico de especies y la pérdida de hábitats no son problemas separados: son síntomas de una misma enfermedad, la de priorizar el beneficio inmediato sobre la salud del planeta.