Julio de 2026 en España no es un mes de tregua. Mientras Pamplona abre sus puertas a los sanfermines con un calor extremo que pone a prueba los cuerpos y los protocolos, y Madrid se prepara para recibir a 55.000 personas diarias en el Mad Cool, el mundo cultural se divide entre la celebración del pasado y la urgencia del presente. Lo que une a estos eventos no es solo la coincidencia del calendario, sino una pregunta incómoda: ¿qué significa perdurar en un país que no sabe si quiere conservar sus rituales o reinventarlos?
El primer encierro de San Fermín fue rápido y limpio, sin heridas de asta, como si la ciudad misma quisiera demostrar que la tradición puede ser eficiente 2. Pero la eficiencia no borra la tensión: el chupinazo del día anterior fue lanzado por sanitarios, elegidos por voto popular, bajo una alerta naranja por calor que promete 40 grados 1. La fiesta, que siempre fue un desafío a la muerte, ahora también lo es al clima. Al mismo tiempo, la corrida de rejones repartió cinco orejas y dos toreros salieron a hombros, pero las crónicas hablan de faenas «desiguales» 12. La tradición se sostiene, pero cojea.
En el otro extremo del espectáculo, la alta costura parisina se pregunta si el lujo debe seguir siendo lo que era. Schiaparelli abrió la semana con látex y silicona, desafiando la noción misma de material noble 7. Chanel, por su parte, optó por un jardín de cuentos infantiles, un refugio de fantasía en un mundo que parece haber perdido la inocencia 6. Ambas casas saben que la permanencia ya no se hereda: se negocia.
Y mientras tanto, en Madrid, Eva Orúe fue destituida como directora de la Feria del Libro sin que se le dieran razones 3. La primera mujer en el cargo, tras cinco años de gestión, se va con las manos vacías y la boca cerrada. La cultura institucional, al parecer, también tiene sus encierros silenciosos. En paralelo, el Mad Cool se prepara para su décimo aniversario con un 37% de público extranjero y una inversión de 20 millones . El festival es joven, pero ya se ha vuelto indispensable. La pregunta es si la Feria del Libro, con su destitución opaca, podrá decir lo mismo dentro de diez años.