La quinta jornada consecutiva de ataques entre Estados Unidos e Irán ya no puede describirse como una escalada; es un nuevo estado de cosas. Lo que se ve desde el terreno —y lo que verifican los partes militares de ambas partes— es una guerra abierta en el Golfo, sin frentes definidos pero con blancos claros: bases, puertos, buques y ciudades.
El miércoles, Irán reivindicó ataques con misiles y drones contra instalaciones estadounidenses en Kuwait, Baréin y Jordania 1. Horas antes, Washington había bombardeado objetivos militares en el sur de Irán y, en una segunda oleada, posiciones iraníes en el estrecho de Ormuz 12. La tregua frágil que el presidente Trump declaró rota el 10 de julio 2 ya es un recuerdo diplomático; lo que queda es la lógica de la represalia.
Lo que distingue esta fase de enfrentamientos anteriores no es solo la intensidad, sino la geografía. Por primera vez, Estados Unidos ha reimpuesto un bloqueo naval a los puertos iraníes 4 y ha desactivado con misiles Hellfire al petrolero M/T Belma, de bandera curazoleña, cuando intentaba violar el cerco en aguas internacionales camino a la isla de Kharg 5. La medida no es simbólica: Kharg maneja más del 90% de las exportaciones de crudo iraní. Golpear esa ruta es golpear la economía de guerra de Teherán.
Pero la guerra ya no se libra solo en el Golfo. Mientras los reflectores apuntan a Oriente Medio, otros teatros arden sin la misma cobertura. Ucrania afirma haber golpeado más de cien buques de la llamada "flota sombra" rusa en el mar de Azov en nueve días 9. En Gaza, los ataques israelíes han matado al menos a una docena de personas en dos días, incluido un jefe de la policía local y una familia de tres, pese a que la tregua formal sigue en pie 3. Israel ha informado al Pentágono que mantendrá tropas en zonas de seguridad en Líbano, Siria y Gaza . La palabra "alto el fuego" se ha vuelto una formalidad sin contenido.