La semana que termina deja una imagen doble y contradictoria del deporte global. Por un lado, el luto: la muerte de Jorge Messi, padre y representante de Lionel, a los 68 años, tras una larga enfermedad 1; el fallecimiento del boxeador puertorriqueño Prichard Colón, a los 33, después de más de una década en coma por un hematoma subdural sufrido en un combate de 2015 3; y la muerte del ciclista británico Finlay Tarling, de 19 años, en un accidente durante la octava etapa de la Volta a Portugal 8. Por otro, el capital: la venta de Los Angeles Lakers por 12.500 millones de dólares a Josh Kushner y Bob Iger 510, y el traspaso de Ferran Torres del Barcelona al Paris Saint-Germain por unos 50 millones de euros 4. Dos mundos que coexisten en la misma página de resultados, pero que rara vez se miran de frente.
La muerte de Jorge Messi no fue solo un drama familiar. Fue el recordatorio de que la industria del fútbol se sostiene sobre redes personales, sobre padres que negocian contratos y sobre lealtades que preceden a los millones. Las condolencias de la AFA, Conmebol, Barcelona, Real Madrid y Newell's Old Boys 1 no fueron un gesto protocolario: fueron el reconocimiento de que el sistema que hoy mueve cifras astronómicas se construyó, en buena medida, sobre la confianza de un hombre que representaba a su hijo desde la infancia. Y en ese contexto, la decisión de Lionel Messi de volver a jugar días después del funeral, entrando como suplente en el medio tiempo contra el Club León en la Leagues Cup 12, no es un acto de indiferencia sino de obediencia a una lógica que no se detiene por el duelo. Inter Miami perdió 3-2 y quedó eliminado 12; el espectáculo continuó.
Esa misma lógica de continuidad opera en la cúpula del fútbol mundial, donde Gianni Infantino enfrenta la rebelión más seria a su intento de un cuarto mandato. La Federación Irlandesa retiró su apoyo el jueves, sumándose a seis federaciones europeas, incluidas Inglaterra y Gales 2. Más grave aún: UEFA, AFC y CONCACAF emitieron una carta abierta conjunta acusando al presidente de la FIFA de una "ruptura fundamental de la confianza" por su plan, ya abandonado, de vender una participación en los derechos comerciales de la Copa del Mundo 6. Aquí el hilo se tensa: mientras los clubes y las ligas se compran y se venden como activos financieros —los Lakers cambiaron de dueño dos veces en poco más de un año, con una plusvalía de 2.500 millones 10—, los organismos que deberían regular el juego pelean por el control de un botín que crece sin rendición de cuentas. La carta de las tres confederaciones no pide explícitamente la salida de Infantino 6, pero la pregunta queda flotando: ¿quién vigila a los vigilantes?
En medio de esa disputa por el poder y el dinero, hay cuerpos que pagan el precio. Prichard Colón pasó once años en estado vegetativo después de un combate cuya controversia nunca se resolvió del todo 3. Su padre anunció la muerte con un mensaje desgarrador en Facebook 3. Tarling, un joven de 19 años, murió en una carrera de etapas que se suspendió a unos 20 kilómetros de la meta 8. Ninguno de estos casos aparece en los balances de las ventas récord ni en las negociaciones de traspaso. Son el costo invisible de un sistema que celebra la resiliencia de Messi 12 pero no se detiene a preguntarse por qué un atleta debe jugar con el duelo a cuestas, ni por qué la seguridad en el ciclismo sigue dependiendo de decisiones que se toman en segundos.
La venta de los Lakers a Kushner e Iger 510 no es solo una cifra: es la consolidación de un modelo donde el deporte es un activo de inversión, no una institución cívica. Que la aprobación de la NBA aún esté pendiente 10 no cambia el hecho de que la propiedad se ha convertido en una cuestión de acceso al capital, no de arraigo comunitario. Y mientras tanto, en el fútbol, la incertidumbre sobre Rodri en el Manchester City 7 o sobre Julián Álvarez en el Atlético de Madrid 9 se resuelve en términos de cláusulas de rescisión y ofertas rechazadas, no de proyectos deportivos.
La pregunta que queda para el lector no es si Infantino caerá, ni si los Lakers valen lo que se pagó por ellos. La pregunta es más incómoda: cuando el deporte se convierte en un negocio donde el duelo se juega en la cancha, donde las muertes se procesan como estadísticas y donde la gobernanza se negocia entre confederaciones que se acusan mutuamente de traición 6, ¿qué queda de la promesa original de que el juego nos pertenece a todos? La respuesta, hoy, parece depender de quién tenga el poder de fijar el precio.
