La muerte de Jorge Messi en Rosario a los 68 años, tras una larga enfermedad, no fue solo una pérdida familiar: fue el cierre de una era en la que el fútbol aún podía entenderse como un linaje, una herencia transmitida de padre a hijo en un club de barrio como Newell's Old Boys 1. Mientras las instituciones —AFA, Conmebol, Barcelona, Real Madrid— emitían condolencias protocolares, el mismo día el deporte global mostraba su otra cara: la de un negocio que se reconfigura a golpe de transferencias millonarias y luchas de poder institucional.
El contraste no podría ser más agudo. Barcelona, el club que formó a Lionel Messi, negocia el fichaje de Rodri, el Balón de Oro de 2024 y MVP del Mundial de 2026, mientras Ferran Torres, héroe de aquella final, se acerca al PSG 510. El Atlético de Madrid, por su parte, mantiene un pulso con Julián Álvarez, que pidió salir durante el Mundial y ahora entrena bajo la sombra de una negativa rotunda 12. Son los flujos del capital: los jugadores como activos, los clubes como intermediarios, las familias como recuerdos.
Pero la crisis que define esta semana no ocurre en el campo, sino en los despachos. La retirada del proyecto FIFA Forward Enterprise —que proponía vender el 20% de una subsidiaria comercial— ha fracturado a las federaciones. Noruega exige la dimisión de Gianni Infantino; UEFA, AFC y CONCACAF lo acusan de una "ruptura fundamental de la confianza" 24. No es una disputa técnica: es una cuestión de quién controla los derechos comerciales del Mundial, el activo más valioso del deporte. La venta de los Lakers por 12.500 millones de dólares a un grupo liderado por Josh Kushner y Bob Iger 7 confirma que el deporte-espectáculo se cotiza como infraestructura financiera, no como comunidad.
En medio de esta tormenta, los resultados deportivos ofrecen un respiro engañoso. El PSG retiene la Supercopa de Europa ante el Aston Villa 3; la República Dominicana celebra oros en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 6; Rafael Jódar, nacido en 2006, alcanza una semifinal de Masters 1000 mientras Alcaraz y Sinner se recuperan de sus lesiones 811. Son victorias legítimas, pero que no alteran la estructura de poder que las enmarca.
Xavi Hernández, nombrado seleccionador de Países Bajos hasta 2030, hereda un equipo que salió en octavos del Mundial 9. Su tarea será técnica, pero también institucional: reconstruir la confianza en un ecosistema donde los aficionados ya no son dueños de nada.
La pregunta que queda sobre la mesa no es quién ganará el próximo título, sino quién gobernará el juego cuando los padres ya no estén para firmar los primeros contratos. El fútbol que Jorge Messi conoció —el de los clubes de barrio, las promesas verbales, la lealtad familiar— se ha convertido en un mercado global donde las decisiones se toman en salas de juntas, no en las gradas. La cuestión cívica es si los aficionados, que sostienen el espectáculo con su asistencia y su pasión, tendrán algún día voz en esas decisiones. Por ahora, la respuesta es tan incierta como el futuro de Infantino.
