El mundo no se detiene para que los gobiernos se pongan de acuerdo, pero las políticas climáticas y ambientales sí lo hacen. La desconexión entre la urgencia ecológica y la velocidad de la toma de decisiones políticas es el hilo que une los eventos de hoy, y revela una fragilidad institucional que pagamos todos.
Colombia es el caso más claro de esta parálisis. Mientras el gobierno saliente de Gustavo Petro y la administración entrante de Abelardo de la Espriella se enredan en un debate sobre quién miente más, la deforestación en los parques nacionales ha aumentado un 146.5% según el equipo de transición del presidente electo 2. Sin importar qué cifra sea exacta, el hecho es que la transición misma se ha convertido en un periodo de impunidad ecológica. No hay continuidad de Estado cuando el cambio de mando implica un borrón y cuenta nueva para los delitos ambientales.
Al otro lado del Atlántico, la UE ha optado por la misma lógica de excepción. La Comisión Europea propuso eximir las multas por incumplimiento de las normas de metano durante tres años, de 2027 a 2030, alegando la crisis energética por el conflicto en Medio Oriente y el bloqueo del Estrecho de Ormuz 7. Es una decisión comprensible en el corto plazo, pero que envía una señal devastadora: cuando la energía escasea, el clima puede esperar. El problema es que el metano no espera.
En el Reino Unido, la contradicción es aún más burda. Mientras Thames Water anuncia restricciones de agua para millones de hogares en Londres y el Valle del Támesis tras una primavera excepcionalmente seca 3, la industria de centros de datos planea triplicar su capacidad para 2030. Water UK advierte que el consumo de agua potable de estos centros pasaría de 6.6 a 19.8 millones de litros diarios 4. La ambición digital choca de frente con la realidad hídrica, y no hay un plan para resolverlo.
En Estados Unidos, la justicia federal ha tenido que intervenir para obligar a la EPA de Trump a implementar los límites de contaminación por partículas finas establecidos bajo la administración Biden 5. Mientras tanto, la misma administración avanza con la fracturación hidráulica de 2,840 acres en el Bosque Nacional Wayne, en Ohio . Un pie en la regulación, otro en la expansión de combustibles fósiles.