La industria del entretenimiento nos ha regalado esta semana una lección magistral sobre la fragilidad de lo que parece sólido. Mientras las nominaciones al Emmy coronan a The Pitt y Hacks como los nuevos titanes de la televisión 1, celebrando la excelencia en un medio que se reinventa cada temporada, el resto del panorama cultural se dedica a desmentir cualquier atisbo de estabilidad.
Christopher Nolan estrena The Odyssey con aclamación temprana 2, una epopeya de casi tres horas que promete ser tan monumental como su fuente homérica. Pero incluso en la cima del prestigio cinematográfico, las controversias empañan el brillo del estreno. No es casualidad que, al mismo tiempo, Tom Hanks cumpla 70 años 7 y recibamos su figura como un ancla de confianza en un mar de incertidumbre: el "chico bueno" de Hollywood, el actor que nunca decepciona, se ha convertido en un fósil viviente de una era en la que las estrellas parecían eternas.
Mientras tanto, las relaciones personales de los famosos se desmoronan con la misma velocidad con la que se construyen. Margaret Qualley y Jack Antonoff se separan tras tres años de matrimonio 9; Pitingo y Laura Escudero cancelan su boda cinco meses después del compromiso 10; Ferran Torres rompe con Martina Hunter a 24 horas de un partido decisivo 12. Y en el centro del huracán, Justin Baldoni y su esposa rompen su silencio sobre la batalla legal con Blake Lively 11, describiendo dos años de "injusticia" y "dolor". El amor, en el espectáculo, parece un decorado que se derrumba al primer soplo.