No hay un solo tipo de desastre. Los hay que vienen con rugido de tierra, como los dos terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio, dejando un saldo oficial que ya supera los 3.800 muertos y 18.000 desplazados 2 — aunque las cifras, en medio del caos burocrático, se contradiccen entre anuncios gubernamentales. Los hay que avanzan en silencio, como la advertencia de la Organización Panamericana de la Salud: la fase crítica de la respuesta sanitaria está lejos de terminar, y apenas se ha movilizado un tercio de los 24 millones de dólares necesarios 3. Y los hay que simplemente se declaran, como la urgencia del gobierno interino venezolano por acceder a 5.000 millones de dólares en activos congelados en el FMI y el Banco de Inglaterra para financiar la reconstrucción 5.
Pero lo que une a los eventos de esta semana no es solo la magnitud de la destrucción. Es la revelación de que las estructuras que consideramos seguras — físicas, institucionales, humanas — pueden fallar de maneras que ningún protocolo anticipó. En Manhattan, el colapso de dos columnas en el piso 21 de una torre de 37 pisos, que estaba siendo convertida de oficinas a apartamentos de lujo, obligó a una evacuación masiva 1. El edificio no se vino abajo, pero la grieta que subió hasta el piso 26 es una metáfora de todo lo demás: lo que parece sólido puede estar cediendo desde adentro.
En España, el fuego que arrasó Almería no dio tiempo para dudas. Doce muertos, 23 desaparecidos, un "trampa" para quienes intentaban huir 4. Las cifras varían según la fuente — once según algunos reportes, doce según otros 6 —, pero la inconsistencia no es un error de redacción: es el síntoma de una emergencia que aún no termina de contarse. En China, la serie de desastres que incluye un tifón, tornados, un deslizamiento de tierra y terremotos ha dejado al menos 39 muertos y cientos de heridos o desaparecidos . Y en Jinjiang, el incendio en una fábrica de zapatos mató a 28 personas . El presidente Xi pidió "todos los esfuerzos" en el rescate y una investigación de rendición de cuentas estricta. La frase es la misma de siempre; la pregunta es si esta vez habrá consecuencias.