El capital no descansa, y hoy lo ha demostrado con una nitidez que debería inquietar a cualquier consejero que confunda la inercia con la estrategia. Mientras un juez federal paraliza temporalmente la fusión de Paramount y Warner por 110.000 millones de dólares 1, el dinero inteligente —el que no espera permisos— ya se ha movido en tres direcciones simultáneas: infraestructura energética, inteligencia artificial y reconfiguración industrial. La lección para la sala de juntas es brutal: quien no decide hoy, decide mañana desde una posición más débil.
Iberdrola ha puesto la primera piedra del día con la compra del 80% de Caruna, el mayor distribuidor eléctrico de Finlandia, en una operación que valora la compañía en 5.000 millones de euros 4. No es un capricho nórdico. Es una apuesta calculada por activos regulados y estables, justo cuando la compañía reporta un beneficio neto de 4.336 millones en el primer semestre, impulsado por plusvalías de la venta de su negocio mexicano 5. La red finlandesa, con flujos de caja predecibles y vinculados a la electrificación, encaja en un modelo que ya ha demostrado su eficacia en Reino Unido, Estados Unidos y Brasil. El mensaje al mercado es claro: Iberdrola prefiere la tarifa regulada al riesgo geopolítico.
En paralelo, el tablero de la inteligencia artificial se reconfigura con dos movimientos que parecen contradictorios pero que en realidad son complementarios. Netflix ha cerrado la compra de InterPositive, la startup de IA fundada por Ben Affleck, por 587 millones de dólares en efectivo 8. Una cantidad modesta para el gigante del streaming, pero que revela una obsesión: controlar la cadena de valor del contenido generado por IA. Mientras tanto, OpenAI incorpora a su consejo a David Vélez, fundador de Nubank, y a Robin Vince, consejero delegado de BNY Mellon, en lo que los analistas interpretan como una preparación para una posible salida a bolsa en 2027 10. La señal es inequívoca: la IA generativa necesita gobernanza financiera, no solo talento técnico.