El 21 de julio de 2026, el Pentágono informó que el costo de la guerra con Irán asciende a 37.500 millones de dólares, un incremento de 8.500 millones desde mayo 11. Esa cifra no es un error contable; es el resultado visible de una cadena de decisiones que comenzó mucho antes del primer bombardeo. La pregunta que debe hacerse el lector no es cuánto cuesta la guerra, sino quién diseñó el mecanismo que la hizo inevitable.
La red es más fácil de trazar de lo que parece. El 22 de julio de 2026, el presidente Donald Trump amenazó con atacar la instalación nuclear subterránea iraní en “Pico de la Montaña”, cerca de Natanz, afirmando que Estados Unidos atacará “muy pronto” y “con gran fuerza” 2. Esa amenaza no surgió de la nada. Veinticuatro horas antes, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, había solicitado ante el Senado fondos adicionales para una guerra que ya dura cinco meses 11. La sincronización entre la declaración militar y la solicitud presupuestaria no es coincidencia: es la coreografía de una administración que ha convertido la escalada en política permanente.
Pero el dinero no aparece por arte de magia. El mismo día, Trump impuso aranceles del 50% a la mayoría de los productos canadienses invocando la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una norma que nunca antes se había utilizado para imponer gravámenes 8. Mientras tanto, el representante comercial Jamieson Greer anunció que Estados Unidos prepara nuevos aranceles para hasta 60 países 10. La conexión es directa: los aranceles no son política comercial, son un impuesto de guerra disfrazado. Cada dólar que paga un importador canadiense o un consumidor estadounidense en la gasolinera financia, en parte, las municiones que caen sobre Irán.
Lo que está probado es que el Pentágono ha gastado 37.500 millones de dólares en una guerra que comenzó el 28 de febrero de 2026 11. Lo que sigue siendo inferencial —pero cada vez más plausible— es que la administración Trump ha diseñado un circuito cerrado de financiación: amenaza militar, aranceles punitivos, solicitud de fondos, nueva amenaza. No hay evidencia directa de que los aranceles a Canadá estén etiquetados para el presupuesto de defensa, pero la simultaneidad de los anuncios y la ausencia de otra justificación económica para una medida tan extrema (una ley de 1930, nunca usada) apunta a una coordinación táctica.