Carla Bruni ha hablado abiertamente sobre su lucha contra el alcohol y el tabaco en el libro Merci pour le non de Elisa Tovati. La exmodelo y exprimera dama francesa confiesa que sus adicciones fueron un 'apoyo' para anestesiar emociones, pero que no se considera completamente recuperada.
Bruni sitúa el inicio de sus conductas adictivas en la infancia, con el consumo excesivo de azúcar, que luego derivó en tabaco y alcohol durante su etapa como modelo en los años 90. Explica que el alcohol le permitía "anestesiar ciertas emociones, ciertos dolores, y mantenerme en pie", aunque reconoce que "la adicción tiene algo de morboso que no se puede ignorar".
El cambio más significativo llegó gracias a su hija Giulia Sarkozy, de 15 años, quien la desafió a permanecer sobria durante un año. Bruni aceptó y cumplió la promesa, encontrando "un gran placer en la sobriedad". También destaca el apoyo de su marido, el expresidente Nicolas Sarkozy, abstemio, quien le brindó una "fuente enorme de protección" durante su estancia en el Elíseo, lo que redujo su consumo.
Bruni sostiene que "el único tratamiento real contra las adicciones es la abstinencia y la sobriedad" y que no se considera curada: "No me he librado del todo de mis adicciones, porque esta enfermedad no depende de las circunstancias externas, sino del estado interior". Se mantiene alerta para no transmitir esta tendencia a sus hijos.
Además de las adicciones, Bruni se sincera sobre el cáncer de mama que le diagnosticaron en 2019 y que mantuvo en secreto durante cuatro años. Afirma que "el diagnóstico siempre es brutal" y que ocultarlo "también te aísla".