El Tesoro de Estados Unidos, liderado por Scott Bessent, ha intervenido en el mercado de bonos con un aumento de las recompras de deuda a largo plazo, en un intento por contener la subida de los rendimientos que han alcanzado máximos desde 2007. La medida, anunciada el 19 de agosto, duplica las recompras de bonos a 30 años de 2.000 a 4.000 millones de dólares por operación, pero ha sido recibida con escepticismo por los inversores, que la consideran insuficiente y contraproducente .
Los rendimientos de los bonos a largo plazo han subido a niveles no vistos en casi dos décadas, con el bono a 30 años superando el 5,3% y el de 10 años en torno al 4,7% . Esta subida se atribuye a la inflación persistente, el déficit fiscal de EE.UU. (alrededor del 6% del PIB) y el aumento de la emisión de deuda para financiar la IA . La guerra con Irán y el encarecimiento del petróleo (Brent por encima de 90 dólares) han agravado las preocupaciones inflacionistas .
La intervención del Tesoro ha generado críticas. Greg Peters, de PGIM, la califica de "autolimitada y contraproducente" , mientras que Lisa Shalett, de Morgan Stanley, la considera "un argumento poco convincente" . Stanley Druckenmiller, mentor de Bessent, la ha tildado de "error" . Además, la medida ha debilitado el dólar, que cayó un 2% entre julio y agosto, y ha impulsado la compra de activos como el oro y el bitcoin .
Los analistas dudan de que las recompras resuelvan el problema de fondo: la sostenibilidad de la deuda. Pimco considera que los rendimientos seguirán elevados y ve oportunidades de compra . La atención se centra ahora en el simposio de Jackson Hole, donde el presidente de la Fed, Kevin Warsh, podría dar señales sobre la política monetaria .
