Los gatos no expresan el calor como perros o personas, y es clave aprender a leer sus señales para distinguir entre una adaptación normal al verano y un problema que requiere atención. Así lo advierte Eva Sánchez-Paniagua, veterinaria de Clinicanimal, en una entrevista publicada por La Vanguardia y replicada por Clarín.
Un gato que simplemente se adapta al calor reduce su actividad, duerme más y busca superficies frescas, pero sigue comiendo, bebiendo, usando el arenero y acicalándose. Lo que debe alertar es la aparición de:
Muchos dueños intentan refrescar a sus gatos como harían con una persona, pero mojarlos enteros, meterlos en la ducha o aplicar frío intenso les genera estrés. Tampoco es recomendable usar hielo directo, baños con agua muy fría o rapar el pelo sin indicación veterinaria, ya que el manto felino protege y regula la temperatura. Lo mejor es ofrecer opciones como agua fresca, zonas de sombra y ventilación suave, dejando que el gato elija Source: La Vanguardia.
En verano, el juego debe ajustarse: sesiones cortas a primera hora de la mañana o al final del día, con juguetes que imiten la caza (cañas, dispensadores de alimento). Si el gato pierde interés, se tumba o respira más rápido, es momento de parar Source: Clarín.
“Los gatos tienen una particularidad que puede jugar en su contra durante los meses de calor: rara vez muestran de forma evidente que algo no va bien.”
“Lo que debe alertarnos es un cambio respecto a su comportamiento normal: que estén más apáticos, se escondan más, pierdan el apetito o aparezcan signos como debilidad, vómitos, respiración acelerada, babeo o jadeo.”
“Uno de los errores más frecuentes es intentar refrescar al gato como haríamos con una persona: mojarlo entero, meterlo en la ducha o aplicar frío intenso.”
“En gatos, respirar con la boca abierta no debe considerarse una forma normal de combatir el calor y requiere atención veterinaria.”